Unicornio


Créditos

Autor de todos los temas: Silvio Rodríguez
Orquesta EGREM
Dirección y orquestación: Hilario Durán, José María Vitier y Frank Fernández
Técnico de grabación: Jerzy Belc
Productor: Silvio Rodríguez
Ilustración y diseño: Constante Diego
Foto: Filippo Billoti
Reedición gráfica: Grupo de Haro

Notas

Noticia

La canción con que quisimos comenzar el mensaje de este disco fue compuesta a fines de 1981, cuando el gobierno de los Estados Unidos comenzó a realizar amenazadoras maniobras navales alrededor de Cuba. El pretexto de entonces era impedir un supuesto apoyo material de nuestro pueblo a la lucha de liberación de El Salvador, y en general a la secularmente sufrida Centroamérica. En el hipotético caso de que nuestra solidaridad hubiese sido cierta ¿cabría explicar el sentimiento que la alentaba? De cualquier forma Por quien merece amor intenta eso.

El tema que concluye este trabajo me ha proporcionado, en este ultimo año, un buen montón de placeres y sorpresas. Doquiera lo mostré desencadenó un furibundo afán de hacerme saber dónde se hallaba mi unicornio perdido. Comenzaron a llegar cartas, cables y mensajes; aparecieron fotografías, libros, pegatinas, postales y dibujos de toda variedad de unicornios. Incluso recibí noticias hasta de dónde sé que jamás iría a pastar no sólo el mío sino cualquier otro. Es extraño, pero alguna gente ve cosas donde no las hay, o lo que es peor: no pueden ver las cosas que ciertamente existen.

A propósito quiero acusar públicamente el recibo de una noticia sumamente legítima. Todo empezó por un amigo muy querido que tuve, un salvadoreño llamado Roque Dalton, quien además de haber sido un magnífico poeta fue un gran revolucionario, compromiso que le hizo perder la vida cuando era combatiente clandestino. El caso es que Roque tuvo varios hijos; entre ellos Roquito –el que hace tiempo se encuentra prisionero y del que no se sabe suerte–, y Juan José, que jovencito y delgado como es fue guerrillero, herido, capturado y torturado. A este último fue a quien encontré hace poco y me comentó que allá en las montañas de El Salvador, andando con la aguerrida tropa de los humildes, trotaba un caballito azul con un cuerno.

Quiero agradecer la ternura, el sostén y la esperanza de todos los que, en los últimos tiempos, han procurado ayudarme en la búsqueda de lo extraviado. Pero ahora les anuncio que casi casi estoy tranquilo, y que, si lo desean, ya pueden parar de enviar noticias. Porque al fin sé en qué parajes pasta mi unicornio, y porque en prados semejantes ningún amor está perdido.