Entrevistas


Entrevista de Edmundo García para el programa radial "La noche se mueve"

Entrevistó: Edmundo García para el programa radial La noche se mueve, Miami 1210 am.
Marzo del 2008

Simbología:

EG. Edmundo García
SR: Silvio Rodríguez

EG: Amigos muy buenas noches, hoy es un programa sumamente peculiar para mí. Hoy voy a tener en La Noche se Mueve, sin adjetivos y calificativos, y ante todo las gracias, a Silvio Rodríguez. Por primera vez con La Noche se Mueve para el público de los Estados Unidos y muy particularmente para el público de Miami y del sur de la Florida.
Gracias, Silvio.

SR: Chico, gracias a ti Edmundo, porque realmente he estado mirando la cantidad de entrevistas que tienes y yo creo que estás, no sé si sin proponértelo o proponiéndotelo, estás haciendo un fabuloso libro de testimonios sobre Cuba, sobre los cubanos, sobre la realidad de estos tiempos, sobre profecías de todo tipo. Es un libro muy variado, pero creo que va a ser un libro muy interesante, cuando sea todo un cuerpo así, porque hay tantas opiniones diversas, tantos puntos de vista, tantas maneras… y en ese sentido yo creo que te va a quedar muy buen trabajo ahí.

EG: Dios quiera. Esta es la entrevista, te decía, más importante de mi vida, por muchísimas razones, tengo que pasar este momentico, gracias que tu me lo haces muy fácil, para tratar de ser un poquito el impenitente que soy, será tal vez una entrevista y tal vez una conversación.

SR: Ojalá sea una conversación.

EG: Yo creo que va a ser una conversación. Y los oyentes disculpen si no encuentran al periodista o al inquisidor, o lo que quieran ponerle de mí, disculpen. Esta es para mí, ojalá ustedes la disfruten. Esta es para mi espíritu. Si la disfrutan ¡qué bueno!, si no Iʼm sorry.
A mí hay dos cosas que me han salvado de una vida muy tormentosa y difícil. Una y siempre lo he dicho, Cuba siempre me ha salvado y la otra, es tu obra, siempre al lado de Cuba, tu obra, no sé si como recreación, pero creo que eso le pasa a muchas personas. Amaury me decía en la entrevista que tú eres un forjador de conciencia y es verdad.

SR: Eso está raro, porque creo que he hecho muy pocas canciones tratando de meterme en el asunto de la conciencia ajena. Bueno… pudiera ser que las canciones las hago desde mi propia conciencia o desde mis propias nociones con mucha sinceridad, y yo creo que eso es muy importante.
Una de las lecciones de ética cancionística más importante que recibí en mi vida la tengo del grandísimo maestro José Antonio Méndez cuando una vez delante de mí le preguntaron que cómo debían ser las canciones, y él dijo, escuetamente: sinceras. Eso es una de las cosas más grandes que he aprendido.

EG: Ahora que tú hablas de José Antonio. En un Festival de Boleros de Oro lo presento esa noche, converso con él un rato y al otro día por la mañana la noticia… Prácticamente soy el último presentador, como quieran ponerle...

SR: ¿Tremendo, no? Y además es increíble porque uno no espera que una persona como José Antonio se muera así…

EG: De esa manera.

SR: Sí, todo el mundo espera que le dé cirrosis hepática, por esas cosas de José Antonio, de ser un ser tan nocturno, de la nocturnidad alevosa y entonces uno dice un día, bueno a José Antonio no se lo qué le pasa, pero que lo atropelle un carro, una doble noticia triste.

EG: Para mí fue impactante, por eso que una persona que admiras tanto y acabas de ver hace ocho horas y te dicen que ha muerto de esa manera, o sea… Es duro.
Bueno Silvio, tu estás bien informado de lo que pasa alrededor tuyo. Había una especulación permanente, y digo especulación porque se leer entre líneas y reviso con cuidado cada vez que aparece una declaración tuya o noticia. Se creó una gran algazara porque Silvio Rodríguez se iba a vivir a Chile y muchas interpretaciones, incluso lo asociaban a que eso tenía que ver con tu salida de la Asamblea Nacional.

SR: ¡Qué cosa más grande!
Esta cosa de Chile yo la sabía prácticamente desde que salió, que fue el 30 de diciembre, porque Vicente Feliú me mandó un blog que había salido en Chile de un amigo de él, en que bromeaba con eso y había redactado como una especie de noticia y decía que yo me iba a vivir a Chile y había extraído pedacitos de otras declaraciones mías de otro lugar y las había insertado y le daba a la noticia todo aquello una especie de veracidad.
Vicente estaba un poco bravo y decía, parece mentira que este amigo, y yo me eché a reír, porque sé que en Chile se toma muy en serio el asunto de las bromas el Día de los Inocentes, y eso salió justamente el Día de los Inocentes, claro fue una broma que él hizo el Día de los Inocentes.
Y bueno, eso sucedió el 30 de diciembre, pero la noticia vino a coger fuerza como en febrero, finales de enero, febrero, fue que vino a coger fuerza la noticia. Tú sabes que siempre se demora un poco en hacer un recorrido.

EG: Desde enero yo la venía siguiendo.

SR: Un cable de la UPI, creo que fue.

EG: Sí y aquello fue cogiendo fuerza, lo pararon unos días, después armaron más elementos, entonces engordaron la vaquita.

SR: Sí, sí, sí. No tengo ni que desmentirlo, realmente estoy explicando cómo fue. Cosa que no quiere decir que algún día no decida o que no tenga derecho, algún día, a pasarme un tiempo en algún país.

EG: A pasar una temporada de vida alternativa, de hecho te has pasado la vida pasando temporadas alternativas.

SR: Mira, yo me pasé casi un año fuera de Cuba y nadie lo notó.

EG: ¿Cuándo fue eso?

SR: Eso fue entre la segunda mitad del 96 a la primera mitad del 97.

EG: ¿Y qué estabas haciendo?

SR: Estaba en París. Estaba con Niurka que estaba estudiando en el Conservatorio Nacional de Música.

EG: ¿Estás orgulloso de la tremenda música que es Niurka?

SR: Realmente ella es el músico de la familia.

EG: Esa muchacha puede tocar donde quiera y te digo, no es el criterio mío, sino de personas con conocimientos que dicen: esa muchacha es una gran virtuosa.

SR: Es muy buen músico y además está muy bien preparada.

EG: Sí, eso es lo que me han dicho, pero que además tiene condiciones de virtuosismo.

SR: Sí, es virtuosa.

EG: Te estoy hablando por ejemplo de Jorge Luis Prats, que la ha oído.

SR: Sí, ella se preparó muy bien, aquí en Cuba, primero con sus maestros acá y después también en el Conservatorio Nacional de Música de París.

EG: ¿Entonces estuviste ese año en París?

SR: Ese año estuve casi todo el tiempo, pasaba más tiempo allá en París que acá en La Habana.

EG: ¿Qué hacías en París?

SR: Componía, componía canciones. Me pasaba prácticamente el día donde vivíamos, que era un apartamentito en la calle Monge, por ahí cerca de las Sorbona, muy cerquita.

EG: En el barrio latino.

SR: En el barrio latino, sí.

EG: Esa parte es muy bonita.

SR: Es muy agradable. Estábamos muy cerca de St. Michelle.

EG: Silvio, de todas maneras Chile es un país que ha sido muy importante en tu vida, quitando la bobería que salió en la prensa, me refiero a Chile como país, Chile como pueblo, Chile como historia, Chile y tus amigos. Yo te veo además a ti, además de Cuba, con Chile, tú eres un semidios para ellos.

SR: ¿Qué te iba a decir? Mira, Chile fue el primer país latinoamericano que yo visité. Había ido ese año, 1972, en febrero a un festival en Berlín que se hacía en la antigua RDA de la canción política le llamaban, y en septiembre, me acuerdo, que gracias a gestiones, a la petición expresa de Gladys Marín, que luego fue una gran amiga durante toda su vida…

EG: Leí tu mensaje de condolencia, cuando la muerte de Gladys y me di cuenta que te había llegado muy adentro.

SR: Sí, es que ella es una persona, y fíjate, que no puedo hablar en pasado, ella es una mujer tremenda, una mujer muy valiosa, muy valiente.
Durante toda la época de Pinochet ella estuvo desafiando ahí en primera línea. Ella perdió a su esposo, que era uno de los detenidos desaparecidos y ella se reunía con los familiares de los detenidos desaparecidos y llevaba como todos esos familiares su imagen colgada al cuello. Era tremendo verla en medio de esa situación.
Entonces Gladys, cuando yo la conocí ella era la dirigente de de la Juventud Comunista chilena y yo fui invitado a un evento de la Juventud Comunista chilena, y gracias a que ella nos invitó, la Juventud Comunista de acá nos llevó dentro de su delegación a Noel, a Pablo y a mí, que ninguno de los tres éramos además militantes comunistas, cosa que fue prácticamente excepcional.
Eso nos permitió ponernos en contacto con la realidad apasionante que era el Chile de Salvador Allende. Nos permitió ponernos en contacto con cosas que nosotros como jóvenes cubanos, ya en la seguridad de una sociedad, en que no había, digamos, una lucha de clases violenta en las calles nos sentíamos a salvo, y quizás, en esa época, con un poquito de complejo de culpa, porque no habíamos sido lo suficientemente mayores, no habíamos tenido edad para luchar por la libertad.
Habíamos sido beneficiarios de toda aquella bonanza que significó la Revolución y sentíamos que teníamos como una especie de deuda, sobre todo desde el momento que decidimos cantar cosas revolucionarias y cosas sociales. Nos veíamos un poco como… no sé…

EG: Ahora que tú tocas ese tema, y es algo que yo he preguntado aquí, a distintos estamentos de la sociedad. Yo me pregunto, nuestra generación, tu generación, también la mía, ya la Revolución tiene 50 años, no forma parte de la épica de la Revolución, sin embargo si fuimos usufructuarios de todo un grupo de beneficios.
La preocupación viene, esta generación, que ya nace dentro del período especial, que tampoco forma parte de la época, pero que tampoco es usufructuaria de la bonanza, ya nace en los apagones, en las limitaciones, determinadas escaceses, por las razones que todo el mundo conoce y que están ahí como razones físicas de los hechos.

SR: Sí, que son mitad y mitad.

EG: ¿Cómo se les trasmite a esas nuevas generaciones, que realmente son la nueva nación, cómo se logra llevarles de forma convincente, el mensaje, la educación, la formación, si no tuvo ninguno de estos dos referentes?

SR: Mira, yo creo, la única forma es informarlos, la única forma es usando la información, pero la reiteración de la información tiene su contraparte, sobre todo cuando la información se hace programáticamente y se esquematiza, se hace un esquema de lo que es informar y de lo que es educar.
Eso tendría que ser un proceso que estuviera constantemente regenerándose a sí mismo y debiera estar a cargo de personas que fueran muy poco ortodoxas y muy poco dadas a esquematizarse. Es algo muy difícil, porque las nuevas generaciones, a no ser a través de la información no tienen cómo enterarse de una serie de referencias históricas, y realmente, no sé hasta qué punto es justo, por mucha justicia que haya detrás, no sé hasta qué punto es justo, imponerle a las nuevas generaciones un punto de vista basado en realidades anteriores.

EG: Yo he llegado a la conclusión, y hay cosas de nuestras vidas que tienen puntos de contacto, o sea yo he aprendido leyendo, conversando y viajando.
En Cuba se conversa bastante, se lee, tal vez como en ningún otro país, incluyendo el primer mundo y creo que cuando la gente pueda viajar sin problemas, y sé que tú has abogado por eso…

SR: Absolutamente.

EG: Esas tres contrastaciones, yo creo que al final van a tener mucho más impacto.

SR: Bueno, de hecho, muchos jóvenes, que viajan y constatan, después se arrepienten del paso que dieron, otros no, otros tienen más suerte y se pueden insertar en la vida, mal que bien.

EG: Tú sabes que hay estadísticas, no se por qué el gobierno cubano no las hace públicas, por las razones que fuesen, hay un creciente número de repatriados, de personas que viviendo en Estados Unidos…

SR: Eso hace años que sucede.

EG: Hay personas que llegan, y no te estoy hablando de pocos, te estoy hablando de miles, tal vez por razones, en fin, los gobiernos saben siempre por qué hacen las cosas, tienen sus razones…

SR : Bueno, como que se inventaron leyes para que no fuera así, reconocer después que es así es un lío para las propias leyes que tú inventaste, te crea un problema.

EG: En la mayoría de los casos son personas que realmente quieren repatriarse y volver a vivir en su país. Yo conozco muchos, yo quisiera reflejar una de estas historias, pero bueno… debe ser eso.

SR: Mira, ahora mismo que estuvieron aquí los Aute, Eduardo y Maritchu, dice Maritchu que cuando venían en el avión para acá venían con una cubana que hacía dos años que estaba en España y se sentó con ella al lado y empezaron a confesarse ahí en el avión y que le dijo, mira, si yo hubiera sabido lo que era España, yo no hubiera…, lo que pasa es que ahora estoy ganando dinero y voy a tirar dos añitos más, pero dentro de dos años yo regreso para mi país.

EG: Yo pienso, fíjate, tal vez porque somos criaturas de islas, porque realmente hay un grupo de posibilidades, pero aquello que nadie sabe lo que tiene hasta que no lo pierde, la gente en una gran medida…
En el caso de Miami, donde hay una politización, extra politización, en función de una industria, cuando se dice industria anticastrista realmente, es una industria, una industria donde Ud. mete algo en crudo y después es un beneficio, eso existe ahí, está explicado, demostrado. Yo lo he explicado un millón de veces pero antes que yo millones de gente y entonces crea una presión social, una especie de orgullo personal, y entonces mucha gente no lo reconoce.
Sin embargo en una sociedad como la norteamericana, que me precio de conocerla un poquito, cada día la agudización de contradicciones es más grande y se va reflejando en todos los estamentos, incluso en esa privilegiada comunidad cubana americana. Se empiezan a sentir determinadas presiones, en especial los recién llegados que llegan a unos Estados Unidos que no es los Estados Unidos de los 70, de determinados proyectos, además enfrentan la presión de quienes se fueron antes y han creado como una casta de dominio sobre los demás, imponiéndoles cosas.
Yo veo en el futuro un proceso de normalización y en muchos casos viejitos en un proceso de repatriación, como se están viendo pero no se publican.

SR: Realmente me estás hablando de cosas que yo, la mitad de ellas las intuyo pero no las sé, porque no tengo todos los días el privilegio de sentarme a hablar así con una persona que tenga esa experiencia que has tenido tú. ¿Cuántos años tú llevas?

EG: Ocho, en Miami. Estuve en Londres.

SR: Ah… en Londres.

EG: Yo salgo hacia Londres, de Londres me voy a Estados Unidos. Ya va para ocho años en Estados Unidos. Este es mi cuarto viaje a Cuba, Después del primero ya no he parado de regresar y no pararé de regresar.

SR: ¿Y no tienes problemas Edmundo?

EG: Bueno, entre tanto absurdo, yo soy periodista, yo vivo de esto, hay quien inventa que lo es. Este es mi trabajo, aunque muchos tratan de boicotear eso, he tenido mucha, mucha presión.

SR: Me imagino, me imagino y me he enterado de muchas cosas a través de estas entrevistas.

EG: Yo estoy amparado bajo la Primera Enmienda, o sea, yo soy ciudadano cubano y soy ciudadano norteamericano, soy periodista a tiempo completo, este es mi único empleo, no tengo negocios ni nada, por tanto estoy amparado por la Primera Enmienda de los Estados Unidos que me garantiza la libertad de movimiento en función de mi trabajo.

O sea, en esta anormalidad que existe respecto a Cuba, aún ahí hay una Constitución que por lo menos no han podido…

SR: ¿O sea, que las medidas restrictivas Estados Unidos no las aplica a los periodistas?

EG: A los periodistas no las aplica.
Silvio, estoy recordando ahora esos discos de los 60. Tú sabes que los tengo, se me rayan… cojo un berrinche, pero bueno ahí están, los tengo y los voy poniendo y…

SR: ¿Y por qué no los digitalizas? ¿Se te rompen los CD?

EG: No, a veces se rayan, los tengo en el carro…

SR: Ah… si el toqueteo.

EG: Dime Silvio, esa época de los 60, esa época maravillosa, esos primeros discos que tú haces donde aparecen tantas canciones que son inolvidables, inolvidables ¿Qué había en Silvio que produce esas canciones, esos textos, esas crónicas sociales? En mi criterio, y en el de muchos, allí comienza a tejerse la leyenda y ya tu obra te trasciende, ya contigo no hay casualidad.

SR: Imagínate, yo en los sesenta me hice hombre. Empecé siendo un niño en los sesenta y terminé siendo un hombre.
En el año 59, cuando triunfa la Revolución, yo tenía doce años recién cumplidos, y en el año 69, cuando partí en el Playa Girón, tenía 22, o sea recién había alcanzado mi mayoría de edad. Todavía me sentía un poco adolescente, te lo confieso, a los 22 años y a los 23, también. Y no sólo adolescente, por momentos me sentía hasta niño.
La niñez es una de las etapas más importantes de la vida humana, no me cabe la más mínima duda. Ahí toda la grandeza es cuando se manifiesta verdaderamente en los seres humanos, porque es la etapa en la que uno no tiene restricciones o está aprendiendo a asumirlas: ese duro trabajo de aprender las restricciones que te va imponiendo la sociedad, la vida, las limitaciones, la moral, etc, etc, etc. Y en esa pelea justa, de esa pureza que traen los seres humanos, que va chocando y que a veces también se va enriqueciendo con elementos éticos, con cosas hermosas que también se adquieren, yo creo que ahí es donde está la esencia de todo, y de ahí parte todo lo bueno y todo lo malo que vamos a ser.
Yo creo que esa presencia del niño en mí, fue determinante para que hiciera las canciones que hice, la cantidad de canciones que hice, y es así porque yo me dediqué a hacer una especie de inventario del mundo. Yo fui viendo las cosas y las fui contando; y las fui contando con asombro, como un niño ve las cosas y las cuenta. Y yo creo que esa sinceridad inevitable de un niño, fue el factor determinante, el común denominador de todas esas canciones.

EG: ¿Quién alimentó esa sensibilidad en el niño en tu familia, tu mamá, tu papá, el entorno?

SR: Yo creo que es una combinación, porque mi familia materna es eminentemente musical, y mi padre, específicamente mi padre, a pesar de haber tenido una instrucción deficiente, porque lo único que estudió fue hasta segundo grado, era lector, leía mucho y leía poesía. Un hombre de segundo grado que era carpintero, que era ebanista y leía a Juan de Dios Peza, leía a Martí, leía a Darío, a Guillén.

EG: ¿Y te leía?

SR: Y me leía. Pero había una cosa importante, yo veía a mi padre acostado con un libro sobre el pecho. Es una imagen que yo tengo de mi padre de siempre. Indudablemente eso influyó en mi acercamiento a los libros y también porque él me llamaba y me decía, escucha esto.
Me acuerdo perfectamente, yo tenía 6 ó 7 años, cuando me leyó el poema de Darío Los motivos del lobo, que es la historia de San Francisco de Asís y me acuerdo que inmediatamente después yo escribí como una especie de poemita o algo así que se llamaba Aúlla lobo. Yo creo que por ahí empezó.

EG: ¿En algún momento tú tienes certeza que tu destino sería poético?

SR: No, no. Yo pensaba que iba a ser astrónomo. Era lo que me gustaba cuando niño, porque me gustaban mucho las estrellas. Era lo que más me gustaba, realmente, la astronomía, y durante muchos años, mientras duró mi niñez, pensé que iba a ser astrónomo, pero luego choqué con las matemáticas, ¡la dura realidad de las matemáticas!

EG: ¿No te gustan las matemáticas? A mí tampoco.

SR: No, no, qué va, no me gustan, por eso te digo que choqué con la dura realidad de las matemáticas. (Risas)

EG: ¿Cuándo tú tienes la certeza que tu destino es poético, es musical, es literario?

SR: Realmente certeza, nunca he tenido. (Risas). Deseos sí, deseos he tenido muchos.

EG: Sí, pero tu sabes, has dejado, tienes hecha una obra.

SR: Mira, a principios del 67 yo llevaba un diariecito estando en la Revista Verde Olivo, mi última etapa en las Fuerzas Armadas y ya yo había conocido a Mario

Romeu, que fue quien me llevó al programa de…

EG: De Rifat.

SR: …de Rifat y de Orlando Quiroga, Música y Estrellas.

EG: Dicen que fuiste con unas botas rusas.

SR: Sí, sí, era las que tenía. Eran mis zapatos, yo estaba en el Ejército y yo fui al programa al día siguiente de desmovilizarme. Yo me desmovilicé un lunes 12 de junio de 1967, y al día siguiente, martes 13 de junio debuté en Música y Estrellas, y los únicos zapatos que tenía eran mis botas rusas, ¿con qué iba a ir? No podía ir con otros (Risas).

EG: Además esa es la época en que los muchachos de tu edad, ante algún evento, buscaban el traje del padre, probablemente con el que se casó. (Risas)

SR: No, yo no tenía traje. Yo había tenido un traje cuando estaba en el Ejército, mi madre me lo había mandado a hacer pero yo se lo había regalado a un compañero que se casaba.

EG: Apuesto cualquier cosa que tú no tienes un traje.

SR: No, no tengo traje.

EG: Ni vas a tener nunca un traje (Risas)

SR: No, no. Tengo algunas chaquetas.

EG: Pero jamás un traje y un safari mucho menos.

SR: Nooo, un safari, ¡sería imperdonable! (Risas)

EG: Un safari con lapiceros, ya eso sería: ¡ni hablar!

SR: No, de espanto. Lo más que llegué a usar fueron algunas guayaberas.

EG: La guayabera, que es una prenda tan cubana, tan bonita, yo crecí con un prejuicio a la guayabera porque me imponía un encartonamiento, ya se me ha ido

quitando y ahora a cada rato me las pongo.

SR: Te las remangas, claro.

EG ¿Te las pones a veces Silvio?

SR: Aquí en Cuba se han dejado de hacer las guayaberas. Desde hace muchos años se importaban de Panamá.

EG: Tú sabes que a los cubano americanos, a los que nacen allí, le dicen los yuca, no se por qué, pero bueno, les dicen así y bueno se ponen un jeans y se ponen una guayabera y se sienten orgullosísimos con aquella guayabera.

SR: Bueno, es una forma de identificarse.

EG: Hay un verso en una canción tuya que yo siempre recuerdo y envidio, no por haberlo escrito, yo nunca he tenido la intención de ser poeta, sino de haberlo vivido. Tú hablas, que cuando te vas de San Antonio, te vas sabiendo que en Tampa, tu abuelo habló con Martí. ¿Te lo contó tu abuelo?

SR: Sí, varias veces además. La anécdota es que mi abuelo, cuando tenía como 11 ó 12 años fue a Tampa, a buscar trabajo, como tabaquero, ya a esa edad.
Él se encontró en una bodega -me decía- con un señor que le preguntó, que qué hacía allí y le dijo que buscando trabajo, que era aprendiz en una tabaquería de Tampa, y que entonces, ese señor le dijo: Ah…en esa tabaquería, ah…pues mira, nos vamos a ver pronto, porque yo voy a ir dentro de unos días por ahí.
Y que un día, estando él en la tabaquería, dijeron, viene el delegado…

EG: …del Partido Revolucionario Cubano…

SR: No, él no me dijo del Partido, un delegado cubano, fue lo que me dijo, según recuerdo. Y entonces cuando lo vio, lo vio hablar allí, que hablaba bonito y todas esas cosas y que los tabaqueros cooperaron ahí, con parte de sus ahorros.

EG: Fueron los tabaqueros de Tampa los que kilo a kilo…

SR: Si, financiaron eso.

EG: Esa es mi bronca en Miami, Martí, nuca le pidió un kilo a ningún gobierno, kilo a kilo, hicieron su guerra. Ser patriota con dinero extranjero, yo no lo puedo entender.

¿Y volviendo a eso, tu abuelo te lo contaba con emoción?

SR: Mi abuelo me lo contó varias veces, yo no recuerdo muy bien eso, porque son recuerdos de cuando yo era muy chiquito, mi abuelo me lo contó cuando ya yo vivía aquí en la Habana e íbamos los fines de semana a San Antonio. Me lo contó varias veces, eso sí lo recuerdo y recuerdo que me sentaba en sus rodillas, para contármelo.

EG: De alguna manera, a muchos nos sucede que ese verso: “me fui sabiendo que en Tampa mi abuelo habló con Martí”, es como decir, soy consciente de la historia. Es un gran verso. A mí me emociona recordarlo, lo recuerdo sin música, en distintos contextos, muchas veces voy caminando, ante alguna situación, me sorprendo diciéndolo, además me gusta decirlo en voz alta, “me fui sabiendo que en Tampa, mi abuelo habló con Martí”
Yo le encuentro un montón de lecturas, tal vez cosa mía. Es muy fuerte…

SR: Sí, para mí también es fuerte haber tenido la fortuna de que mi abuelo me contara eso, ¿no?

EG: De ser parte de ese legado

SR: Sí, sí, y sin ningún alarde, o sea, había como una especie de orgullo, no era un orgullo malsano, era un orgullo muy humilde, muy humilde, y yo creo que me lo contó varias veces para que se me grabara.
Mira ahorita estábamos hablando de cómo a las generaciones que lo siguen a uno, uno les enseña, uno les trasmite y mira qué forma más abierta y menos impositiva, porque el peligro de esa cosas es que parezca…

EG: Cartón, pero para eso hace falta mucho talento, sin talento…

SR Exactamente, sí, hace falta talento.

EG: Sin talento se mimetizan, uno tiende a rechazarlas. Yo lo he dicho, mi educación política real se produce en Miami, a mí me educa realmente la ultraderecha de Miami, cuando la conozco, cuando la descubro, cuando veo sus intenciones.
Tal vez aquí me lo decían todos los días, pero muy encartonado, hasta el punto que yo no le hacía caso, pero cuando yo choco yo choco con la concreta… A mí Miami me va politizando, me va radicalizando, en la medida que empiezo a entender a esa ultraderecha.

SR: Y además esa especie de neobatistianismo que hay.

EG: Ese es un proceso interesantísimo, cómo los herederos de Batista o los celebradores de Batista han controlado el poder político aún estando en Miami.

SR: Bueno, eran los que más dinero tenían.

EG: Eran los que más dinero tenían y realmente el gobierno norteamericano los financió cuando llegaron. Sin embargo ahora hay una clase de nuevas personas que están viendo que esa gente que tiene el poder político no refleja ni representan sus intereses sino que los discriminan y los agraden.

Se está produciendo un movimiento en los Estados Unidos muy interesante y en Miami, particularmente en la comunidad cubano americana está produciéndose una evolución, muy interesante. Eso no quiere decir que ni son comunistas, ni que son socialistas, ni revolucionarios, pero es que le han roto la columna vertebral de su escala de valores, desde posiciones anexionistas, anticubanas, antinorteamericas, antipopulares, antidemocráticas, entonces aspiran a venir a Cuba como un pacto de poder, y las generaciones que están ahí nuevas, quiéranlo o no, les guste o no la Revolución, reconózcanlo o no, conocen la esencia del pueblo cubano, y se van a dar con un muro en la frente.

Y eso es interesante porque está habiendo una transformación en Miami. Yo te puedo decir, te puedo garantizar, yo he hecho tres programas sobre tu obra en mi programa de radio y he abierto micrófonos, he abierto líneas, te voy a traer las grabaciones, excepto una frase con un calificativo descabellado, un tipo que más que todo inspira lástima, que no sabe lo que dice, que no entiende tu obra, desfasado por completo, el respeto a tu obra, el respeto a la obra de Pablo, el respeto a la obra de Irakere, el respeto al proyecto cultural, o sea, usted no se respeta a sí mismo si usted niega eso.

SR: Eso yo lo he sentido, he sentido identidad, he sentido afecto, no sé si respeto, pero por lo menos afecto, pero por lo menos no discriminación. Me pasó una vez y lo conté en una entrevista que hice para el Herald, que después no publicaron.

EG: Tú la publicaste.

SR: Yo la publiqué en Internet después, porque además trabajé en ella, me metí como dos o tres días redactando aquello y después vi que pasaron como dos o tres meses y entonces la lancé para Internet.

EG: Claro. Y hablan de democracia, y hablan de pluralismo y exigen a Cuba. Una sociedad tan fuerte...

SR: Bueno, el mismo programa que hice con Bayly y que al final me dice, ¿y tú crees que este programa lo pasen en Cuba?, yo le contesté, yo no sé si lo pasarán, yo lo que te puedo prometer es que lo voy a proponer.

EG: Y se pasó, yo recuerdo, yo estaba en Cuba.

SR: Y se pasó. Se pasó un día como a las once de la noche y no se advirtió y no llamaron a nadie. (Risas) Pero se pasó.

EG: Murió el domingo Cachao, Silvio. Murió Cachao con 89 años.

SR: Es uno de los inventores del mambo y un gran instrumentista.

EG: Muy buena gente.

SR: ¿Buena gente, no? No tuve el gusto de conocerlo.

EG: Como Celia era muy buena gente también.

SR: A Celia le mandé saludos. Celia y yo intercambiamos en determinado momento saludos. Nunca pude conocerla.

EG: Coincidir.

SR: Me hubiera encantado.

EG: Y es probable si hubieran coincidido, ella, por esa presión social que te cuento, se hubiera inhibido o te hubiera propuesto una cumbre secreta (Risas)

SR: Hubiera sido en la intimidad.

Ella cuando iba a Venezuela se veía con una familia con la que yo tenía algún tipo de vínculo, y a través de esa familia, cuando yo me enteré… Porque yo a quien conocía de esa familia era a una muchacha, por supuesto, y cuando ella me contó que Celia iba mucho a su casa, entonces le dije: dile a Celia que yo la admiro mucho, bueno si sabe quién soy yo, si no sabe, le dices un cubano que se llama… Y sí, sabía quién era yo, bueno te estoy hablando de la década del 70.

EG: Pero ya se te conocía.

SR: Sí, sí.

EG: Yo creo que contigo pasa algo muy interesante, cuando alguien compra un disco tuyo, una vez, no deja de comprarlos.

¿Después de “Cita con los Ángeles”, tú has sacado alguno más?

SR: Sí, cómo no, saqué un disco, después te lo regalo, es un disco de canciones viejas, pero casi todas inéditas, que se llama: “Érase que se era”, ¿ese no lo conoces?

EG: No.

SR Ah…yo te lo voy a dar y te voy a dar también, porque eso lo traía en mente, el disco que le hicimos a Noel, que se llama “Noel Nicola 37 canciones”.

EG: ¡Qué maravilla!

SR: Realmente es una maravilla, lo que tú acabas de decir.

EG: ¿La partida de Noel te afectó?

SR: A todos nos afectó mucho. Noel estaba muy joven, podía haber hecho muchas más cosas y Noel era un tipo fabuloso, un hombre de una entereza, de una dignidad extraordinaria. Ayudarlo no era fácil, porque era tan digno, era difícil acercársele con el ánimo explícito de ayudarlo, había que inventar un poco para ayudarlo.

EG: Esa generación muy marcada por ti y por Pablito, con gente de talento, de gran sensibilidad, como Luis Rogelio Nogueras, Víctor Casaus, Vicente, son gente que te respetan. Es tremendo ser compositor en tiempos de Mozart.

SR: (Risas) Sí, mira lo mal que la pasó el pobre Salieri y lo bueno que era Salieri, tremendo músico.

EG: Sí, porque en la película de Milos Forman es una satanización de la figura, pero cuando tú vas a la realidad, aquel Salieri era un músico digno, era músico de la corte y demás, pero es toda una recreación de Millos Forman.

Sigue siendo muy difícil, ser compositor en tiempos de Silvio Rodríguez, si a mí me hubiera tocado el destino, inhibe. Primero porque hay un ejercicio de influencia y después porque hay algo, hay algo…

SR: Bueno, pero es que todos partimos de cosas, nadie inventa.

EG: Pero la cosa es que las costuras no se vean.

SR: Ah… Eso es verdad, eso es cierto, eso es necesario, y no sólo las costuras, sino ser capaz de asimilarlo y de transformarlo en una expresión propia o la más propia posible, de eso se trata, porque en realidad nadie inventa nada, todo está inventado.

EG: Todo se recicla, desde Adán y Eva.

SR: Sí, sí, todo se recicla.

EG: Al estar hablando de la cosa con Aute, hay una canción de Aute, que tú cantas con él, que yo la bajo, porque me gusta mucho el texto, me gusta mucho lo que hacen, se llama  Con tu latido, tiene una cosa especial esa canción, ¿verdad?

SR: Sí, sí, Aute tiene canciones realmente maravillosas, mucha canciones maravillosas, tiene esa, tiene Dentro, por ejemplo, es la descripción de una masturbación.

EG: Tú tienes una también.

SR: ¿Yo?

EG: Yo creo que en Tríptico, la canción “…Se nos sigue desangrando la llave de la cocina…” Ahí puede haber una lectura.

SR: Bueno, lecturas, ya tú sabes (Risas)

EG: De lecturas ni te cuento…

SR: Sí, sí (Risas)

EG: Si tú me dices, que lo que te está pasando en esa canción, que es tu fantasma, si tú me dices, masajes para tu espalda.

SR: ¿Masajes para dónde?

EG: Para tu espalda y ahí lo dejas…

SR: Son las trastadas que hacen los fantasmas de la ausencia.

EG: Esta gente creen que no se sufre y sí se sufre

SR: Claro que se sufre.

EG: Dicen que es uno de los logros de la cultura contemporánea, pero yo hubiera prescindido de algunos de los logros de la cultura contemporánea, (Risas), dicen que da placer.

SR: No sé si placer, pero si el dolor puede ser productivo, es mejor siempre, ¿no?

EG: Tú sabes que pongo a veces en mi programa, la pongo que no me deja de emocionarme, del disco: Cita con Ángeles, el tema Cita con los Ángeles.

SR: Es una canción que gustó.

EG: Es un tema, primero, es todo Silvio, lo que yo siento, yo no soy crítico, es todo Silvio, es Silvio 60, es Silvio 80, es el sello, es la pegada Silvio por Silvio.

SR: Por poco no lo hago, después te lo cuento.

EG: Bueno, yo lloré, cuando la sentí, lloré cuando describe cada escena y me pareció muy osado, yo no sé si hay referencias de que antes se hubiese hecho, cuando hablas de Martí, por debajo, esos acordes del himno ¿eso se había hecho?

SR: No sé si se había hecho o no, lo increíble es que ese violín que sale ahí, tocando el himno, fue grabado en Washington y me lo envió Igmar Gavilán.

EG: Yo no sabía eso.

SR: Claro, porque él vive en Washington.

EG: Esa canción hace un recorrido extraordinario por acontecimientos, creo que es un acto de respeto al pueblo norteamericano, es un acto de reivindicación a lo mejor del pueblo norteamericano, esa misma referencia a Las Torres ligada a aquel otro terrible 11 de septiembre.

SR: Es el mismo egoísmo, es la misma mecánica la que crea una cosa y la otra.

EG: Déjame decirte, no se por qué me dices que por poco no la haces, porque realmente…

SR: Te voy a explicar porque eso fue muy cómico.

Yo hice ese tema en los días de la invasión Irak, esta última, hace 5 años, cuando mi hija Malvita, estaba a punto de nacer. Estábamos un día ahí en la casa, por la tarde, y yo estaba con la guitarra y se me ocurrió el tema, el tema musical y Niurka me dijo: ¿y eso? Yo le dije, en otra época con un tema así yo hubiera hecho una canción. Porque muchas veces se me ocurren cosas que se me parecen en el ambiente que tienen a un Silvio ya pasado, fíjate que tú me dijiste ahí está el Silvio del 70…

Cuando se me ocurrió el tema yo me di cuenta que era muy Silvio, y a veces uno rehuye parecerse hasta a uno mismo.

EG: Yo creo que ese es tu único reto en la vida, ahora mismo.

SR: Sí, no seguir con recurrencias de ese tipo, que algunos se escudan diciendo que es estilo, pero no es estilo, es falta de imaginación.

EG: Claro, si uno se reinventa siempre.

SR: Exactamente, pero hay que buscar la forma de reinventarse sin que uno se parezca ni a uno mismo.

Entonces por eso le dije a Niurka, mira en otra época con ese tema yo hubiera hecho una canción, y he aquí que Niurka me dice: ¿Eh, y por qué no la haces ahora? Entonces tenía un papelito y comencé a escribir una estrofa que cabía en la música que estaba haciendo.

EG: ¿Tenías la música ya en la mente?

SR: No, yo lo que estaba era tocando la guitarra, y estaba tocando la música.

EG: ¿Qué te viene primero Silvio?

SR Generalmente la música y la música es la que me dicta…

EG: Qué extraño, porque siempre se tiene la percepción que a tus canciones quítale la música y lee el texto y ahí está la poesía.

SR: Pero yo creo que quizás una de las virtudes que puedan tener los textos míos es el ritmo que tienen y ese ritmo quien se los da es la música.

EG: Y dime otra cosa, tú no eres un músico formado en academias, tú te has ido formando con la vida, bueno el Grupo de Experimentación me imagino que…

SR: Sí, fue uno de los momentos…

EG: En tu música aparecen corrientes, entran y salen, que sólo se le pueden ocurrir a un compositor que tiene la más grande tesitura.

SR: He escuchado mucha música, y desde niño escucho música, y sobre todo música clásica, música llamada culta, desde niño lo que me gustaba escuchar era CMBF.

EG: ¿Todavía existe?

SR: Por supuesto que existe y si no existiera habría que inventarla.

EG: Ven acá Silvio, ¿qué piensas tu del reguetón?

SR: Chico, cada vez que me preguntan del reguetón yo tiendo a hablar bien del reguetón por aquella cosa de no ser censor de nada, porque siempre estoy esperando que el reguetón me sorprenda positivamente y que de pronto de ese movimiento salga poesía, salga … Hasta cierto punto han salido textos críticos con aspectos negativos de la sociedad. Es verdad que quizás no ha sido poéticamente tan importante como lo fue el hip hop en la cultura norteamericana, ¿no?

EG: Yo creo que no lo dejaron madurar. Una de las cosas que me gusta de la cultura norteamericana es la capacidad de retroalimentarse de sus propias contradicciones, como pasó con el movimiento pop y demás.

Yo creo que esto lo maduraron con carburo, es un desprendimiento del hip hop pero lo maduraron con carburo, para convertirlo en un proceso comercial de la forma más… Y sería terrible que pasara así y no dejara un pequeño legado de…

SR: No, y qué es lo que pasa, una cosa que lo perjudica también es que como, realmente, no requiere de mucha instrucción para escribir textos, incluso por momentos es como una expresión a nivel textual, a nivel de mensaje, como una sarta de incoherencias, porque es rimar por rimar y todo lo que te rima le tratas de buscar una…, Es como si yo empezara a rimar aquí, cogiera un diccionario de rimas y con cada una de las palabras que me voy encontrando, que una pegue con otra, me voy inventando un texto
EG: Y después disparo eso e importunas a la humanidad.

SR: Exactamente. Entonces, como aparentemente, no requiere ningún tipo de rigor, ningún tipo de exigencia, y como el comercialismo es tan brutal, que cualquier cosa que de dinero, inmediatamente ya te lo sirven.

EG: Eso me preocupa, y qué bueno que Cuba, a pesar de que a veces algún que otro programador de radio y televisión, haga lo posible porque no, Cuba ha logrado y logra preservar los valores más importantes de la identidad, de la cultura, de la trascendencia, del gusto, la decantación, qué bueno que Cuba pueda preservarse.

SR: Bueno, ojalá eso continúe.

Mira aquí estaba mirando, las primeras grabaciones, de aquí del Estudio Ojalá, la tercera cosa que se grabó, fueron raperos.

EG: Primero veo que fue Carlitos Valera.

SR: El primero que grabó fue Carlos Valera, después un grupo de trovadores jóvenes, porque estábamos haciendo una selección, para hacer una compilación, ahí grabaron muchos, de los que después fueron Habana…, de los que se fueron después para España.

EG: Habana Abierta

SR: Habana Abierta. Antes tuvo otro nombre que era Habana Oculta, o algo así, después fue Habana Abierta.

EG: Yo los he visto en Miami

SR: ¿Mucho éxito, verdad? Aquí tuvieron mucho éxito.

EG: Sí claro, aquí hay una cultura, allí la primera vez, sí, en la segunda gira, creo que hubo problemas con la promoción, sin lugar a dudas tienen una calidad, para la cual, el público medio de Miami, no está educado.

SR: Claro, claro, aquí sí. Eso pasa, también, con otros músicos que se han ido, Mike Porcell, por ejemplo, que es una pena lo de Mike.

EG: Sin embargo, ahora fíjate tú las contradicciones, todos consumen tu música y la de Pablito.

SR: ¿Cuándo tú te refieres a todos, la gente en Miami?

EG: Sí, sí, sí, incluso, la gente que se fue en los 60.

SR: ¿Y ya se superó aquella cosa de que era clandestino?

EG: La música tuya está en todas las tiendecitas de discos, tiendecitas cubanas, en la Pequeña Habana.

SR: ¡Qué bueno! Porque hace unos años era…

EG: Entonces es algo muy interesante, estás vetado en la radio oficial, aparece un bobito por allí, que quiere discutir conmigo, porque te dedico un programa, pero entonces en todas las casas de disco en Miami, están al menos una veintena de discos.

SR: Bueno, pues tienen más de los que yo he hecho (Risas)

EG: ¿Cuántos discos tú tienes hechos?

SR: Creo que son 19 o algo así, o 20, más o menos.

EG: Ponle doce, fíjate que hay un stand así, ahora estoy recordando Lily Record, este comercial me lo deberían de pagar, por Silvio, no por Lily Record, pero bueno…

SR: (Risas)

EG: Ahí en Lily Record Ud. va y hay una docena de discos tuyos, y tuyos con otros autores y hasta algunas curiosidades y la gente va y la gente los escucha.

Es muy interesante, yo tengo un amigo, no voy a decir quién es, para que no tenga problemas, que está en la radio establecida, que te admira mucho y su frustración es no poderte poner, entonces se buscó un disco de Sampling, cantando El Escaramujo, entonces el tipo no habla de ti y pone a Sampling, contra los que no hay el nivel de agresividad que puede haber hacia ti por los fanáticos, los malos fanáticos, el fanatismo político.

SR: ¿Por qué tú crees que haya esa agresividad conmigo?

EG: ¿Contigo? Primero, porque no te pueden codificar, Silvio no es ni comunista, es un revolucionario, lo ha dicho siempre. Yo creo que es un hombre consecuente, un hombre de su tiempo, pero que además ha sabido ponerle nombre a las cosas.

Estamos hablando del poeta más importante de su generación y eso no lo puede negar nadie; pero ya no – cuidado-, para Cuba, para Miami, sino para América.

Tú obra es una obra trascendental para la cultura cubana, tiene el gran valor de la poesía, pero es además es demostrativa del alto nivel que un pueblo alcanzó, es el paradigma, si ese pueblo no llega ahí, yo creo que tu obra…

SR: …no hubiera sido así. Una cosa que a mí me influyó mucho a la hora de componer, cuando empecé a componer, es que ya los cubanos teníamos sexto grado, al menos sexto grado y ya se estaba luchando …

EG: Nada en la cultura del siglo XX, en el mundo, es más importante que la Campaña de Alfabetización. No hay obra cultural más grande que esa, vaya, eso no tiene parangón.

SR: ¡La trascendencia que tuvo la Campaña de Alfabetización! Y entonces, con la conciencia de que estaba cantando para un pueblo que sabía leer y escribir y que sabía informarse y que sabía pensar mejor que antes, con esa conciencia yo empecé a componer canciones. Y eso fue determinante para la manera en que yo compuse, para la manera en que yo empecé a componer, ya después eso siguió su propio camino.

EG: Mira, hay un pueblo muy culto, que no sólo es culto artísticamente sino que es culto políticamente, y entonces va a tener exigencias artísticas, culturales, estéticas, al nivel que alcanzó, por ello es muy importante cómo con el mensaje se interactúa, tú no le puedes decir a un pueblo culto “mamá, papá y nené, mamita me quiere dar” o “aguántame la niña que la estoy peinando”, porque la cultura implica la reflexión, la contradicción, el debate, y eso es muy interesante y se llega a la contradicción porque se alcanzó un nivel extraordinario, en muchas manifestaciones de la cultura.

SR: Sí, es verdad, aunque hay para todo, para la niña y pa la señora. (Risas)

EG: Silvio, aquel muchacho de la Revista Mella que iba a ser caricaturista con algunos de la Revista, que están ahora por allá, pero bueno, yo creo que la Revista Mella, marcó un determinado momento, sobre todo en ti. ¿Sigues dibujando?

SR: Sí, pero no con rigor. El dibujo es algo que no se puede abandonar, aunque sea para matar el tiempo en las esquinas de las libretas de teléfonos, uno no puede abandonar eso, y a veces como que se aventura un poquito más allá, pero no. Realmente es una disciplina… todo el mundo no puede ser Eduardo Aute, que es un buen pintor…

EG: Pero, tú eres tímido Silvio, tú eres un hombre tímido. ¿Te da pudor mostrar tus dibujos?

SR Es que sé un poquito de dibujo.

EG: (Risas) Yo sé que sabes bastante.

SR Y realmente se que es una disciplina a la que hay que dedicarse con seriedad, bueno, no sé, cualquiera puede hacer un garabato y puede resultar simpático, pero ya pretender…

EG: Pero en tu caso la gente lo va a buscar, como parte del conjunto de cosas.

SR: Sí, sí... porque fue importante.

EG: Como la gente busca a Silvio en el día que cantó salsa en Varadero, ¿tú te acuerdas?

SR: Sí, con los Van Van, la Canción de Nicaragua, sí.

EG: Y otra más.

SR: Sí, y otra más. Un cha, cha, cha, que hice también, Imaginada. ¿Tú sabes a quien le encantaba esa canción? a Odilio Urfé, compadre.

EG: ¡Mentira!, ¿no me digas?

SR: Al gran Odilio Urfé.

EG: Bueno, es que tiene que ver la línea melódica, tiene que ver con Odilio.

SR: Le encantaba que fuera un cha, cha, cha.

EG: La fotografía también, tú en la fotografía tienes cosas, y hay cosas que te tienen satisfecho.

SR: Me gusta mucho la fotografía, de hecho le dedico a la fotografía todo el tiempo que puedo y el hecho de que ahora sea digital, me lo facilita más. Realmente era más difícil cuando era rollos y había que revelarlos, además de que salía muchísimo más caro, era un hobby, carísimo.

EG: Silvio, háblame de esta gira que has hecho por las cárceles.

SR: La gira por las prisiones, la expedición. En realidad he cantado en muchas cárceles, desde que empezó la Nueva Trova y se hacían los Festivales de la Trova, íbamos a prisiones, porque cuando se hacía el Festival, digamos en Santa Clara, siempre entre las actividades que habían a escuelas, a unidades militares, a centros de trabajo, siempre aparecía también una prisión, o sea, tenemos esa práctica.

EG: ¿Desde cuándo tú haces eso? ¿Cuándo fue la primera vez que fuiste a cantar a una prisión?

SR: Desde la década del 70

EG: ¡Que interesante!

SR: No, pero yo sólo no, íbamos todos los que estábamos en los Festivales, era gente de la Nueva Trova, pero también gente de la Trova tradicional, la gente de los tamboreros de Matanzas, los Muñequitos, que los invitábamos siempre, Omara Portuondo, Elena, que iba siempre a nuestros Festivales, iba todo el mundo, no es que fuéramos nosotros.

Entonces en la década del 90 cuando estuve en Chile, a quince días de irse Pinochet, me invitaron a cantarle, a visitar más bien, a los presos políticos que quedaban en la cárcel de Santiago. Entonces fui, no llevé una guitarra, pero me tenían una guitarra allí y me hicieron cantar 4 ó 5 canciones. Y yo dije, caballeros, esto yo debiera hacerlo en Cuba, y tan pronto llegué a Cuba, le escribí al Ministro del Interior una carta, expresándole mi disposición de hacer una gira por todas las prisiones. Incluso hay un párrafo donde le digo que si hay presos políticos y ellos quieren participar, yo no me niego, que estoy de acuerdo en que participe todo el personal que pueda haber en las prisiones.

Algunos meses después, se empezó aquella gira, que la hicimos inicialmente Augusto Blanca, Vicente Feliú y yo, más un grupito de gente de prisiones y un compañero de la Dirección Política del MININT. Estuvimos como en dos o tres prisiones de Pinar del Río, en la de Isla de la Juventud y en Matanzas. Me acuerdo que empezamos aquí en La Habana, en Melena del Sur, que era una prisión de alta peligrosidad con una serie de medidas.

EG: ¿Y la reacción de los reclusos?

SR: Bueno después nos empezaban a llegar mensajes, a través, de ese mismo compañero del MININT, que iba con nosotros, que a él le estaban llegando mensajes de las prisiones, que la actitud subjetiva de la gente mejoraba mucho, que la agresividad disminuía. Tú sabes que en las prisiones siempre hay agresividad, los pases de cuentas, violencia y eso y decían que la violencia se aplacaba y que la música les hacía un efecto maravilloso.

EG: ¿Incluso pudieron hablar contigo, qué te decían?

SR: Sí, cómo no, me acuerdo de una reclusa con quien hablé, en la prisión de mujeres en esa época, 1990. Yo no sé si tú estabas aquí en esa época, ¿Tú te acuerdas de una mujer que le dio candela a la compañía de teléfonos? ¿Tú te acuerdas de aquello, que fue famoso?

EG: Sí, sí, me acuerdo. Me dejó sin servicio a mí.

SR: Esa muchacha, que era joven además, hizo eso por una bronca que tuvo con un administrador, una cosa así. Yo me acuerdo que la conocí allí, en una prisión de mujeres y hablamos.

Me acuerdo de que una de las cosas que más me conmovía era cuando la gente nos pedía libros. En esa época yo envié unos cuantos libros. Éramos nosotros solos, no teníamos una cosa articulada. Realmente fue un poco precario. Cuando empieza el período especial, unos meses después tuvimos que suspender aquello porque no había combustible. Es lo que nos manifiestan: bueno esto hay que posponerlo por un tiempo, y pasó todo este tiempo.

Ya yo había decidido no continuar en la Asamblea, llevaba ya tres períodos, o sea quince años estuve yo en la Asamblea.

EG: Allá manipularon cantidad, asociaron la salida de la Asamblea con el invento de Chile.

A mí siempre me pareció que era un gesto tuyo de decir un poco aquí está mi corazón. Un creador como tú no necesita…, o sea era un gesto tuyo de humildad haber aceptado una responsabilidad como ser miembro de la Asamblea. Alguien que te conozca mínimamente sabe que no tienes ninguna aspiración política.

SR: En absoluto, en absoluto. Yo realmente, si me hubiera gustado la política me hubiera metido en la política, pero es que yo nunca tuve vocación de político.

El hecho que tenga opiniones políticas, cualquier ser humano tiene opiniones políticas, sobre esto, sobre lo otro o sobre lo de más allá.

Mira, me pareció que no podía decir que no. Porque yo en un principio dije que no. Cuando yo me entero que me han elegido, estando en Buenos Aires y alguien me llama y me dice, oye felicidades, yo pensé que me estaban corriendo una máquina. Porque no me veía como diputado ni muchos menos. Entonces me llamaron desde Cuba y me informaron que efectivamente. Me llamaron de aquí de mi trabajo, y ya ahí me preocupó un poco, y me dije: bueno seguramente esto es algo que cuando llegue allá digo: oye, desmayen eso, yo no estoy para esto.

Y cuando llegué aquí me vinieron a ver con mucha seriedad y me dijeron que era importante y sobre todo me explicaron cómo era el proceso de elección. Porque te eligen las cinco o seis organizaciones de masas y se va barajando tu nombre desde la base y de los municipios sube a las provincias y luego sube a la nación. Y ya cuando llega a la nación y llega tu nombre pues tienes muchas posibilidades, y en esa época se elegían igual que ahora, unos seiscientos diputados aproximadamente. Era la Cuarta Legislatura, si mal no recuerdo.

Me vinieron a ver y me explicaron todo eso y entonces yo me dije: Silvio te lo están pidiendo. Es como si la Patria te pidiera ayuda o algo así. Y entonces no me sentí con el derecho a decir que no, sino más bien con el deber de decir que sí, y en ese sentido dije que sí.

Ya después vino el segundo mandato, también traté ahí de… bueno ya lo hice durante cinco años. Me volvieron a hablar “es que es necesario, que fíjate que tú que eres una persona…”, bueno, está bien, acepté eso. En el tercer mandato no dije que no, ya me callé la boca y dije, perfecto, lo asumo sin problemas.

Pero ya después, mirando que habían pasado quince años, dije: caballeros, no todos los diputados han pasado tanto tiempo, además ya tengo 60 años, que vengan diputados más jóvenes.

EG: Hablando de eso, la Asamblea es muy joven, aunque el Consejo de estado tiene una edad bastante avanzada, la Asamblea es muy joven.

¿Cómo ves abocado el futuro del país y las transformaciones a las cuales ha llamado la propia dirección del país?

SR: Yo creo que al país hay que pensarlo partiendo de principios martianos, básicos. Creo que el país tiene la necesidad de ser socialista, porque si fuéramos a ser capitalistas como puede ser Suecia, yo diría, bueno eso me hace pensar, pero no va a ser un capitalismo sueco, va a ser un puro y duro latinoamericano, y entonces, prefiero el socialismo, porque es una forma de repartición más justa.

Ahora, yo creo que hay que perfeccionar el socialismo, mi socio. El socialismo no puede ser como lo idearon los que inventaron el socialismo, o esos científicos que inventaron el socialismo científico. Eso como teoría, como base teórica está bien, como instrumento de interpretación de la realidad, pero el problema es que si la realidad ha cambiado tanto desde entonces hasta hoy, calcar aquello es absurdo, no tiene sentido.

En ese sentido te decía que el país hay que pensarlo con esas bases justas que significa, en cuanto a repartición, el socialismo, pero también hay que pensarlo no con el socialismo que nos imaginamos cuando empezó la Revolución, hay que pensarlo con el socialismo que deberán tener o que merecen tener nuestros nietos, ya ni siquiera nuestros hijos. O sea, hay que planteárselo para nuestros nietos. Hay que plantearse el país justo de nuestros nietos, no el país justo que fue para nosotros. Eso requiere de audacia.

EG: Insertados en el mundo real.

SR: Exactamente, exactamente, y yo creo que esto requiere de audacia y requiere de un pensamiento claro en cuanto a la justicia social pero también abierto.

El socialismo que yo querría puede ser un poco utópico, pero yo en vez de tener que estar lamentando la gente que se nos va en balsas, yo preferiría que estuviéramos lamentándonos de toda la gente que nos llega en balsas y en avión de todas las partes del mundo. Yo quisiera un socialismo al que todo el mundo quisiera acudir, no del que todo el mundo se quiera ir y muchísimo menos los jóvenes. Yo quisiera que todos los jóvenes del mundo vinieran a vivir a Cuba. Ese es el socialismo al que yo aspiro, y mientras más nos acerquemos a ese socialismo, mi corazón va a estar más féliz y más contento.

EG: Silvio, el 31 de julio de 2006. El anuncio…

SR: Bueno, Fidel, imagínate, Fidel es un hombre que se ha maltratado mucho, un hombre que lleva muchos años durmiendo poco. Yo veía a veces en las entrevistas históricas de él, que siempre decía que cuando estaba cansado se refrescaba nadando veinte piscinas, y yo leía aquello y decía, esto es una barbaridad, porque sí, a lo mejor te refresca momentáneamente nadar veinte piscinas, y entendía un poco lo que él quería decir, en el sentido que a esa intensidad intelectual a la que estaba sometido, anteponer la actividad física, podía ser una solución, una salida.

Siempre recordaba que aquella escritora británica, Agatha Christie, recomendaba a los novelistas cuando tenían un conflicto que no podían resolver, que hicieran labores manuales, caseras, que se pusieran a fregar, a limpiar el piso. Yo decía, esta es un poco la solución a la que Fidel recurre, pero siempre se me quedaba aquello de: se está desgastando, se está desgastando.

Era una persona que había sentido, o sabía, quizás, que no podía perder ni un segundo. ¿Hasta dónde podía aguantar eso? O sea que cuando se enferma, yo no lo esperaba pero desde hacía años me lo temía.

Ha sido duro para todos, porque indudablemente.., Por lo menos todavía podemos contar con el consejo de Fidel, porque indudablemente es un hombre con una experiencia extraordinaria, un político, un hombre con una visión.

EG: Un estadista.

SR: Un estadista y un hombre genial, yo pienso también.

EG: Ni sus mayores detractores pueden poner eso en tela de juicio.

SR: Porque hay quien dice: claro tiene acceso a una información, pero es también cómo uno procesa la información. No solamente es tener acceso a la información. Es lo que tú sabes extraer de la información, la esencia esa qué tú le sabes sacar a la información, y en ese mecanismo de sacar esencia y utilidad a la información yo creo que Fidel es genial.

EG: Juega un ajedrez político, que sus adversarios no logran ver muchas veces. En Miami, y esta es una frase de la propia ultraderecha: nosotros jugamos parchí y él está jugando ajedrez.

SR: Y se adelanta.

EG: ¿Te acuerdas lo que escribe Martí de Céspedes y Agramonte cuando dice: “Vendrá la historia, con sus pasiones y justicias; y cuando los haya mordido y recortado a su sabor, aún quedará en el arranque del uno y en la dignidad del otro asunto para la epopeya”? A la historia todavía le falta digerir muchas cosas de las que hemos sido copartícipes en el tiempo.

Silvio, esta es una conversación inconclusa, pero tenemos que ponerle un punto.

SR: Me imagino que sí. ¿Cuántas horas llevamos?

EG: No sé cuánto tiempo llevamos.

Silvio quiero hacer un juego ahora que hago con los escritores. Yo le doy a ellos un nombre y ellos con la primera frase que les viene a la mente, relacionada con el valor de la obra o con la relación personal, bueno si quieres.

SR: Bueno, espero conocer a los escritores.

EG: No, no son escritores, te voy a poner cantautores: Joan Manuel Serrat.

SR: Un clásico.

EG: Joaquín Sabina.

SR: Un diablo.

EG: Noel Nicola

SR: Un ángel

EG: Vicente Feliú

SR: Un hermano.

EG: Santiago Feliú

SR: Un hermanito.

EG: Carlos Varela

SR: Un colega

EG: Luis Eduardo Aute

SR: Un alter ego

EG: Fito Páez

SR: Un músico

EG: John Lennon

SR: Un sueño

EG: Pablo Milanés

SR: Un hermano

EG: Silvio Rodríguez

SR: El hijo de Dagoberto y Argelia (Risas)

EG: Gracias Silvio, gracias.

SR: Gracias a ti.

(Risas)