Entrevistas


Silvio Rodríguez comprometido con la canción, con su pueblo, con el arte, con su Historia

Entrevistó: Revista Devenir No.25, Argentina
Diciembre del 2012

Antes de lo previsto, más tarde de lo deseable y lo necesario, Silvio Rodríguez regresa a la Argentina y la nueva visita posibilitó este diálogo cibernético donde el trovador cubano se refirió a la actualidad de su país y al futuro inmediato de su música y se confesó admirador del zapatismo brotado en Chiapas en enero de 1994.

Cuba no es ni parece ser el paraíso de la conectividad. Sin embargo, Silvio Rodríguez es un internauta activo, emprendedor e inquieto. Por ello sostiene desde el 9 de mayo de 2011 una página propia (http://www.zurrondelaprendiz.com) que constituye un puntilloso recorrido por su obra y, antes aún, el "blog en evolución" segundacita.blogspot.com donde reflexiona, informa sobre asuntos que lo preocupan (desde la salud de Fidel Castro a los destrozos ocasionados por el huracán Sandy) y que en febrero de este año le permitió homenajear a Luis Alberto Spinetta, al enterarse de su muerte, colgando enterita la letra de El anillo del Capitán Beto con una foto en blanco y negro del mentor de Almendra, Invisible y Pescado Rabioso.

Entonces no es extraño imaginarlo al trovador frente a la pantalla de su pc y golpeteando el teclado para responder un cuestionario cursado gracias a los oficios promocionales de anunciar una nueva visita a la Argentina para tocar en el Luna Park de Buenos Aires y en el estadio cubierto de Unión, en Santa Fe.

Sin embargo, da cierto escozor pensar en el artista prestándole atención a una requisitoria indudablemente vulgar si se la coloca en perspectiva a su discurso estético, poético y político, pero el correo electrónico ya ha sido cursado y desde la Isla donde desde enero de 1959 habita la Revolución socialista llega la respuesta y no queda otra que disfrutar, aprender y emocionarse.

¿Da para preguntarle al autor de La Maza, Te doy una canción, Tonada del albedrío y Mi casa ha sido tomada por las flores acerca de su ligazón al zapatismo? ¿Por qué no? L@s compañer@s de la Red de Solidaridad con Chiapas nos contaron que Rodríguez había aceptado grabar un texto del Subcomandante Insurgente Marcos para la edición del disco-libro "Los Otros Cuentos II" y allí lanzamos la pregunta para que surque la mar, para que se llene de respuestas.

"Antes que nada mi identificación originaria con el movimiento de Chiapas, que por supuesto es justísimo, y la admiración que siento por la escuela de pensamiento abierto que han generado sus dirigentes, en especial el Sup".

¿Qué opina acerca del zapatismo y, más ampliamente, de los movimientos autonomistas que han surgido al calor de esa experiencia aparecida en Chiapas en enero de 1994?

Llama la atención como han logrado imbricar un gran movimiento cultural con el político, aunque por supuesto la política es parte de la cultura humana. En ese sentido es una experiencia casi insólita. Y digo casi porque a veces me recuerda lo que hubo en Chile durante la Unidad Popular. Gladys Marín fue una de las impulsoras de aquel movimiento, que tuvo expresiones plásticas en los muros y en general en el diseño, que dejó una huella en ese sentido, y que repercutió en lo musical con el sello DICAP (discoteca del cantar popular). Pareciera que el Zapatismo y Chiapas han generado, además de 'la otra política', simultáneamente una suerte de 'otra cultura'.

Esa "otra cultura" a la que alude el guitarrista y cantante, lo tiene como protagonista, como hacedor, como emblema de una poesía que convida a la música y que a la vez que borra las fronteras entre las disciplinas artísticas, lo impulsa como un artista hondamente popular pese a no haber hecho concesiones estéticas.

¿Puede considerarse una carga pesada ser considerado como una voz referencial de la cultura iberoamericana?

Siempre me he considerado un hijo de vecino que, como muchos otros, trabajó duro. Desde que empecé renuncié a la parafernalia comercial y sin embargo fui escuchado. No haber abandonado a mi país también contribuyó a mi suerte. Vivo consciente de que la suerte no es pareja y mucho menos justa. Por eso he tratado de hacer buen uso de la que yo he tenido.

No debe ser solamente la buena fortuna la culpable de que este ser, nacido el 29 de noviembre de 1946 en San Antonio de los Baños, sea capaz de llenar estadios que corean sus canciones y, también y a la vez, haya sido invitado al Festival Internacional de Poesía de Berlín en 2011.

Muchos cantautores de diversos estilos musicales diferencian claramente las líricas de las canciones del género poesía ¿qué opina usted al respecto y cómo definiría los textos que pueblan su obra?

Fue una sorpresa esa invitación. No esperaba que me invitaran a Berlín, a leer textos que suelo cantar. Mucho menos que en la Universidad de Humboldt estudiaran mis textos. Cierto es que he recibido invitaciones parecidas de otros sitios. Sin embargo en Cuba nunca me han invitado a un festival de poesía. La verdad es que me he pasado la vida diciendo que soy un trovador. No ha sido por modestia -ni por vanidad-, sino porque creo que eso es lo que soy.

Autodefinido trovador, Silvio fue en compañía de sus colegas Noel Nicola, Vicente Feliú y Pablo Milanés impulsor y miembro fundador del Movimiento Nueva Trova Cubana que en diciembre cumplirá cuatro décadas de su conformación.

¿Qué le motiva el aniversario de ese colectivo musical?

Satisfacción de haber formado parte de un grupo de muchachos comprometidos ética y estéticamente con la canción, con el proceso de su pueblo, con el arte, con su Historia.

¿Cuáles fueron las principales misiones cumplidas por el Movimiento? ¿Y cómo describiría sus falencias?

Lo mejor que hizo la nueva trova, fuera o no un movimiento, fue hacer canciones. Lo peor, aquel amago de burocratización. Aunque tampoco lo veo con demasiada severidad porque en los 70, en Cuba, se quería institucionalizar todo. Podría decirse que la institucionalización empezó siendo una necesidad y acabó siendo un vicio. Por eso creo que lo que sin dudas valió la pena fue autoexigirnos y hacer canciones de calidad.

La obra del músico, expresada en aquella comunión de voces nacida para exigir un lugar y luego convertida en suerte de vocería artística de los logros, los desafíos, los héroes y las luchas de la Revolución y sus líderes, es imposible de ser desligada del cotidiano andar de Cuba y su pueblo. Y Rodríguez no calla ni otorga.

En ocasión de su última visita y durante una rueda de prensa que prologó a sus recitales de entonces, habló extensamente acerca de los cambios que se estaban expresando en Cuba ¿Tiene ganas de ampliar esa mirada a un año de aquellas reflexiones?

Últimamente se han dado pasos para actualizar la política migratoria cubana, medidas que hace años que vengo defendiendo. Seguramente habrá que profundizar, pero ha sido un buen arranque, porque se ha roto una inercia de muchos años. Este paso me gusta especialmente porque pone la bola al otro lado del terreno, desafiando el espíritu de la guerra fría, que sigue tan vigente. Todo paso que demos contra lo que queda de la guerra fría, aunque sea unilateralmente, va a contar con mi apoyo.

TOCAR “DONDE LA VIDA COTIDIANA GOLPEA”

La actualidad de Silvio se reparte entre su regreso a los escenarios latinoamericanos, un par de discos que mostrarán cómo era trabajar con grandes grupos musicales como Diákara y Afrocuba y la serie de recitales por barrios y ciudades marginales de Cuba. 

Sobre la gira que lo devuelve a la Argentina a un año de su anterior visita, apenas sí confiesa que “surgió a partir de que se enteraron que a iba a ir a Sudamérica invitado por el partido comunista chileno para participar en la celebración de su centenario”.

Acerca del futuro de una obra discográfica capaz de conmover al más impávido, anuncia que “estoy mezclando un disco que grabé hace 25 años con un grupo fabuloso, llamado Diákara, que por diversas razones tuve que posponer, y ahora, cuando casi está listo, pienso que quizá resulte una sorpresa. Y después voy a mezclar otro disco pendiente que tengo con Afrocuba (agrupación con la que registró 'Causas y azares' en 1986 y 'Oh, melancolía', dos años más tarde)”.