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El romance del trovador y su gente


27 de octubre del 2018

Por: Sergio Sánchez
Fuente: Página 12
Foto: Joaquín Salguero

"Gracias, gracias", dice Silvio Rodríguez ante cada ovación. No dice mucho más. Entre canción y canción, se limita a contar alguna breve anécdota o hacer una mínima introducción con palabras. Por momentos, se queda callado o pide silencio antes de empezar a tocar. Del otro lado, gritos de amor a él, a Cuba y a sus canciones. En el Luna Park se respira un clima de celebración similar a cuando un familiar viene de visita después de mucho tiempo. Hay euforia, pero también angustias atragantadas y ganas de sacarlas para afuera. ¿No dice mucho más Silvio? ¿En serio? El trovador cubano escucha y canta. Las que hablan y dicen son sus canciones. Se manifiesta a través de su repertorio. En Pequeña serenata diurna le agradece a los muertos de su felicidad, en El necio le canta a la libertad de los pueblos latinoamericanos, en Eva a la mujer y sus luchas, y en Rabo de nube a la esperanza. Y así va tejiendo durante más de horas un repertorio lleno de clásicos que trascienden el tiempo y algunas canciones más recientes e incluso inéditas.

El reloj todavía no marca las 21 y el cubano ya se sube al escenario. El  "Olé, olé, Olé, Silvio..." es ensordecedor. Aún no marcó ningún acorde, pero no hace falta. Acompañado por una banda de músicos de alto vuelo, el trovador se pone el auricular, toma su guitarra y se sienta sin premura. Y arranca con Yo te quiero libre ("libre de otras penas / y libre de mí"), Judith y Tu soledad me abriga la garganta, una canción de las primeras épocas que recuperó en Amoríos (2015). "Hemos hecho un concierto dedicado a los derechos de la mujer, sobre todo la primera parte", anticipa el músico. En De la ausencia y de ti le dio más lugar a su voz y guitarra, y en La gaviota --aquella canción compuesta en Angola en 1976 inspirada en días de Guerra Fría-- tomó protagonismo la flauta de Niurka González.

Si bien todo está dispuesto para enfatizar la musicalidad de Rodríguez, cada integrante de su banda tiene su momento, interviene con precisión y preciosismo, y logra hacer crecer aún más las canciones. O hacerlas sonar con nuevas vestimentas o arreglos, como Óleo de una mujer con sombrero, Quién fuera o La maza, todos clásicos que podrían cantarse incluso a capela. En Eva sucedió una de las escenas más fuertes de la noche. "Eva sale a cazar en celo / Eva sale a buscar semilla / Eva sale y remonta vuelo / Eva deja de ser costilla", cantó el cubano y en el Luna Park se vieron miles de pañuelos verdes, una prueba de que el pedido por el derecho al aborto legal, gratuito y seguro seguirá presente hasta que sea ley. "Se va a caer" y "Aborto legal en el hospital" se escucharon con fuerza apenas terminó la canción. Y Silvio hizo silencio y escuchó. También hizo un largo silencio y dejó que todos y todas se expresaran cuando interpretó Tonada del albedrío, dedicada al Che Guevara, y los cánticos en contra de Macri fueron imposibles de reprimir. Un marco ideal para continuar el repertorio con América, una canción inédita que retrata el acontecer social de la región.

Luego, el músico invitó a "un amigo que llevo muchos años admirando desde lejos". Entonces, subió Nahuel Pennisi, un confeso admirador de la obra del cubano y gran intérprete de sus canciones. "Me fijé que no estuviera en la lista", dijo con picardía antes de tocar una conmovedora versión de Te doy una canción, aquel tema libre de egoísmos sobre el misterio del amor. Abrió con Yo vengo a ofrecer mi corazón, de Fito, y luego le regaló al cubano un tango, Nada. "Esto es un sueño cumplido, Silvio es uno de los exponentes de Latinoamérica unida", dijo Pennisi.

El trovador tiene 72 años, pero no pierde vitalidad en la voz ni vigor en su toque guitarrístico. Aborda cada canción con paciencia y ternura. Y aunque no suele quedar solo en el escenario, cuando eso pasa se puede descifrar la emoción primaria de la canción, como en Rabo de nube, que provocó un llanto colectivo. Se despojó también de la guitarra en Te amaré, en el que dialogó con el piano de Jorge Aragón y los vientos de Niurka. "A nivel universal la cosa viene algo complicada", dijo antes de la nueva Viene la cosa. Luego encendió al Luna con El necio y Pequeña serenata diurna, y tras amagar varias veces con el final, se largó con Ojalá. "Pensé que iba a batir un récord y no tocar esta canción, pero veo que no", bromeó antes de cantarla. "Ojalá pase algo que te borre de pronto", quedó resonando en el aire.

Músicos: Silvio Rodríguez (guitarra y voz), Rachid López (guitarra y coros), Maykel Elizarde (tres), Niurka González (flauta, clarinete y coros), Oliver Valdés Rey (batería y percusión), Jorge Reyes (contrabajo), Jorge Aragón (piano y coros) y Emilio Vega (vibráfono y percusión).

Lugar: Luna Park

Fecha: jueves 25 y viernes 26 de octubre

Público: 6000 personas por función.

Duración: 140 minutos