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Silvio Rodríguez: El hombre, la poesía y su guitarra


9 de octubre del 2018

Por: Sebastián Zumelzu
Fuente: Humo Negro
Fotos: Humo Negro

El reencuentro del prestigioso cantautor cubano con el público capitalino se llevó a cabo en un Movistar Arena repleto. Como parte de una seguidilla de conciertos a lo largo del país, Silvio Rodríguez regresó a Santiago para ofrecer el primero de tres recitales en la ciudad, con una presentación donde repasó lo más destacado de su vasta discografía en poco más de hora y media de espectáculo, donde el coro del público y las emociones a flor de piel fueron las protagonistas de la velada.

Acompañado de sus músicos, el protagonista de la noche tomó su guitarra y no se despegó de ella hasta el final del show. Comenzando la tanda con Yo te quiero libre, Tu soledad me abriga la garganta y Judith, el isleño no se guardó nada y dio en el gusto al respetable en cada corte de su repertorio. Incluso cuando tocó repasar su material más reciente, con canciones como Día de Agua, Tu soledad me abriga la garganta, o la íntima Noche sin fin y mar (que fue estrenada hace sólo un par de semanas por el artista), se respiraba una atmósfera de compromiso y comunión total entre el hombre sobre el escenario y su público. Era sorprendente ver cómo, incluso en un recinto de las proporciones de la cúpula mayor del Parque O’Higgins, Silvio Rodríguez era capaz de hacernos sentir que estábamos escuchándolo cantar en el living de su casa.

Y ese compromiso de la audiencia se hizo notar con todo cuando cayeron las piezas de temática más política y revolucionaria, tales como Tonada Del Albedrío, La Maza o Santiago de Chile, causando gritos entre las filas de asientos, manifestaciones de justicia social o reivindicaciones de nombres de mártires que dieron su vida por alguna causa. Menciones al Ché Guevara y a Salvador Allende surgieron como el desahogo de una muchedumbre que tenía la necesidad de hacerse escuchar, aunque fuera entre las cortas pausas que dio el músico cubano durante su presentación. Pese a recibir con respeto las reacciones de los fanáticos, Rodríguez se dedicó a hacer su trabajo y enfocarse en su interpretación, virtud que hace de su acto en vivo un imperdible para cualquier seguidor del cubano.

Como prueba de lo anterior, tenemos las entrañables Te Amaré y Óleo De Mujer Con Sombrero, la celebrada Quién Fuera o las encargadas de bajar el telón de esta primera noche, Sueño con serpientesEl reparador de sueños, canciones que brillaron por su impecable ejecución musical –el gran protagonista es Rodríguez, pero sería imposible no destacar el trabajo de sus músicos– y por las emociones que despertaron entre la gente. Quedaban ganas de más, pero por ahora el show llegaba a su fin, a la espera de las dos próximas jornadas que, en vista de lo presenciado anoche, serán igual de increíbles.

Más allá de los alcances políticos e ideológicos que podamos encontrar en la figura y letras de Silvio Rodríguez, discursos que, a día de hoy, en tiempos tan cínicos como los que estamos viviendo, donde cualquier causa o idea es propensa de convertirse en una sátira de sí misma, quizás puedan perder peso con las nuevas generaciones, este redactor se queda con lo esencial, que es la música, la poesía y las emociones que un hombre con su guitarra y su canto fue capaz de transmitir tan íntimamente a miles de personas que se hicieron parte de este memorable concierto.